EL HABITO DE HABLAR MAL DE LOS DEMÁS
Muchos somos amigos de personas que continuamente hablan de la vida de los demás, como si algún poder divino les hubiera otorgado esa autoridad. No lo hacen de una forma que podríamos llamar «casual», sino que para ellos la hipocresía es un recurso habitual en la comunicación, que les sirve de manera indirecta para reforzar sus valores buscando la complicidad del otro en aquello que critican.
Este hábito es propio de mentes inseguras, que con palabras sobre otros no buscan otra cosa que espantar sus propios fantasmas.
Además, las personas con esta costumbre no hablan de forma general o aludiendo a detalles irrelevantes. Cuentan intimidades, juzgan y narran historias que han sido reveladas por azar o descuido, pero que no dejan de pertenecer a la intimidad de alguien y por lo tanto a un lugar en el que nadie debería entrar sin el consentimiento del otro.
Hablar mal de los demás es una moda. Lo hacen los candidatos políticos, sus contrincantes, los chismosos, los criticones y los amargados, en fin… Ni hablar de los envidiosos, quienes ostentan una «maestría» en esa peligrosa profesión de ver solo lo malo. Cada palabra malintencionada que se pronuncia, lleva consigo la pobreza mental, emocional y espiritual de parte de quien la emite. Todos los argumentos que se esgrimen suelen utilizarse para difamar, avergonzar o tergiversar la naturaleza real de quien es objeto del chismoso. Pero, ¿Quienes sómos para atrevernos a Juzgar y hablar mal de otros? ¿Esta nuestra vida tan llena de virtudes para ponernos en un pedestal y señalar?
Vivimos rodeados de personas que se dedican, de manera exclusiva, a desprestigiar, a juzgar y a humillar. Incluso se atreven a descalificar a los demás opinando de la vida de otros, estan tan llenos de veneno emocional que estan buscando victimas para inyectarselo contajiandolos de su maldad.
Todos esos comentarios desalentadores hacen parte de una ‘epidemia’ que, como es apenas obvio, atenta contra la buena honra de las personas.
Hablar mal de otros muestra mucho más de quien lo hace de lo que pensamos, y esque según la ciencia esto es una enfermedad mental. La cosa es tan delicada que se han hecho estudios psicológicos descubriendo, que este desagradable hábito revela cómo cada persona se percibe a sí misma y cuán feliz o infeliz es.
Estudios realizados en la Universidad Wake Forest, explican que las personas que critican a otros a sus espaldas tienden a ser infelices y tienen un alto riesgo de padecer depresión.
Ese tipo de personas, en realidad, está insatisfecha consigo misma y proyecta en los demás aspectos de su personalidad que no acepta. Esta gente se siente vacía, pero no posee la capacidad de auto examinarse y cambiar aquello que le molesta. Entonces, utilizan la crítica destructiva para sentirse mejor. Es mucho más fácil y hasta divertido criticar. Por supuesto, esta situación no es para nada saludable, tanto para el que critica, como para su entorno. Y es que como ya se dijo amtes, hablar mal de otros esconde una baja autoestima.
Hablar mal de los demás dice mucho de cómo una persona se ve a sí misma. Detrás de la crítica, hay inseguridad y baja autoestima, asegura el estudio publicado por la Asociación Americana de Psicología (APA). Una persona que se quiere a sí misma mantiene una relación sana y positiva con quienes le rodean. En cambio, quien descalifica constantemente al otro, resulta negativo y dañino.
Este mal hábito es tan sutil que se contagia casi sin que nos demos cuenta. Por eso es necesario tener cuidado y reconocer a esta clase de actos para transformar nuestra conducta.